Tipos de varices

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Foto de tipos de varices

La enfermedad de las varices se caracteriza por la dilatación y el debilitamiento de las venas que transportan la sangre hacia el corazón. Una vez abultadas, dichas venas pierden la capacidad de mantener la circulación sanguínea fluyendo en un solo sentido, por lo que ocurre un estancamiento de la sangre, provocando dolor y otras complicaciones. A nivel mundial, las varices afectan a una de cada diez personas, siendo el sexo femenino el más afectado por esta patología, en gran parte debido a la secreción de hormonas y el embarazo.

Atendiendo a su tamaño o tipo, las varices pueden enmarcarse en cuatro grupos clínicos. Estos grupos engloban desde las pequeñas y antiestéticas varices, hasta aquellas que acarrean trombosis, úlceras varicosas  e insuficiencia venosa crónica. Analicemos más a fondo esta clasificación.

Varices de grado I

Se caracteriza por revelar pequeñas venitas de color violáceo o rojizo en algunas zonas como el vientre, el rostro y principalmente las extremidades inferiores, pues estas últimas se encuentran más alejadas del corazón y por lo tanto requieren un mayor esfuerzo para bombear la sangre en sentido contrario a la gravedad. Afecta a un 20% de la población adulta y puede acelerarse con el sedentarismo, el sobrepeso y la mala alimentación.

Estas dilataciones venosas subcutáneas (también conocidas como telangiectasias) no suelen sobrepasar el milímetro de diámetro, y generalmente se agrupan en forma de ramilletes o telarañas que pueden o no percibirse a simple vista. Su aparición denota la insuficiencia del flujo sanguíneo en la zona afectada y en ocasiones puede dar lugar a una sensación aislada de cansancio o calambres esporádicos.

Varices de grado II

Las varices se presentan en esta etapa más dilatadas y tortuosas. El color de las venas afectadas se muestra más pronunciado y su tamaño aumenta hasta los cuatro milímetros. Durante la noche pueden experimentarse molestos calambres, prurito (comezón intensa en la piel) y dolores localizados, especialmente en las pantorrillas, la región gemelar y los muslos.

Cuando la persona afectada se encuentra en edad avanzada, estos síntomas tienden a empeorarse. Por ejemplo, al rascarse constantemente puede ocasionar varicorragias (hemorragia de la vena varicosa), o al mantener una posición invariable de los pies (ortostatismo) produce una inflamación severa de las paredes venosas, conocida como flebitis.

Varices de grado III

Al llegar a esta fase, el sistema de válvulas venosas (mecanismo de las venas para impedir el retroceso de la sangre) ha perdido su capacidad de retener el flujo sanguíneo, por lo que las venas contrarrestan esta adversidad aumentando su diámetro. Esto provoca a su vez un acrecentamiento del dolor y un cambio radical en la apariencia de la zona afectada.

La piel experimenta un cambio de coloración producido por la hemosiderina, a la vez que se inflama, pierde elasticidad y provoca la aparición de úlceras. Normalmente, las varices de grado III aparecen tras un largo período de tiempo en que el paciente no se ha sometido a tratamiento alguno.

Varices de grado IV

Etapa final y más peligrosa de todas. A los síntomas de la fase III se suman además úlceras o hemorragias dando lugar a zonas eczematosas, peligrosas infecciones y en el peor de los casos embolismo pulmonar. Además se producen alteraciones tróficas cutáneas, que toman lugar ante la insuficiencia del riego sanguíneo y por ende el suministro de nutrientes vitales, lo que conduce a un aspecto escamado de la piel, ardor intenso y desecación superficial.

Las úlceras por su parte se manifiestan en la zona interna de los tobillos como consecuencia del líquido estancado en el tejido celular, lo que a su vez impide el paso del oxígeno y favorece el resquebrajamiento de la piel. Del mismo modo, los edemas, las varicorragias o la tromboflebitis se presentan de manera más aguda. Esta última sucede cuando la sangre dentro de las venas se coagula, obstruyendo la circulación y llegando a alojarse en los pulmones y causar la muerte.

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