Tratamiento láser para las varices

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Ejemplo de tratamiento láser para las varices

Su efectividad y su corta duración, hacen que el tratamiento láser para eliminar las varices se haya convertido en el nuevo reemplazo de otras técnicas más convencionales como la ligadura química y la flebectomía ambulatoria.

A diferencia de este tipo de cirugías, el empleo del láser permite reducir en gran medida el nivel de dolor y la ocurrencia de hematomas, así como el riesgo de padecer trombosis venosa. Por si fuera poco, el tiempo de recuperación es de apenas 48 horas, no requiere internación y acarrea un nivel muy bajo de complicaciones.

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Generalidades del tratamiento

El láser (amplificación de luz por emisión estimulada de radiación, por sus siglas en inglés), se puede entender como un haz de luz cuya precisión es tan exacta, que permite ser controlado en espacios microscópicos, como en este caso, el interior de una vena. Lo anterior se logra introduciendo un catéter que conducirá la fibra óptica a lo largo del conducto sanguíneo y hasta la región afectada, desde donde se podrá “quemar” la vena y cerrarla.

Seguidamente, el especialista comenzará a retirar el catéter mientras realiza pequeños disparos de luz, con el fin de coagular la sangre (fotocoagulación) en el interior de la vena.  Al clausurarse esta, el flujo sanguíneo será desviado hacia el resto de las venas, facilitando de esta manera una mejor circulación y mayor presión sanguínea.

Habitualmente, un tratamiento con láser se compone de varias sesiones (en dependencia del grado de la enfermedad y lo que dictamine el doctor), dejando de por medio unas cinco semanas aproximadamente entre cada sesión. En algunos casos, puede emplearse anestesia local para reducir las sensaciones dolorosas provocadas por la reacción candente de la luz en nuestro organismo.

Tipos de láser

En el tratamiento de las varices, el láser debe elegirse atendiendo al tamaño y la profundidad de las venas afectadas. A partir de este criterio, se podrá determinar la longitud de onda y la influencia de energía necesaria para la efectividad del tratamiento. Una transferencia de calor incorrecta puede terminar dañando la pared venosa, por lo que es necesaria una capacidad de penetración que permita “calentar” la sangre el tiempo suficiente para provocar fibrosis y cerrar la vena adecuadamente.

Varices tronculares

En las varices tronculares o de gran tamaño (mayores de 5 mm), muchas clínicas utilizan el láser de Neodimio-Yag, ya que presenta una longitud de onda ideal para penetrar las capas más profundas de la piel. La efectividad de este tratamiento es superior al 95%.

Paralelamente, es una práctica habitual combinar el tratamiento láser con la esclerosis, para aprovechar en mayor medida la energía emitida. La esclerosis con espuma resalta como el mejor método para el tratamiento de las varices, pues el componente principal empleado en esta técnica, el Polidocanol, permite “estancar” los glóbulos rojos y potenciar los resultados en la absorción del láser.

Varices reticulares

Similarmente, las varices reticulares (localizadas en las venas secundarias y con un tamaño mediano entre 2 y 5 mm) son tratadas utilizando una combinación de emisión láser e inyección de sustancias esclerosantes. De este modo, la principal limitación de la fibra óptica (puesto que solo puede emplearse en porciones rectas de la vena) queda saldada con la esclerosis, permitiendo alcanzar varices de menor tamaño.

Arañas vasculares

Este tipo de varices, también llamadas telangiectasias, son las típicas enredaderas venosas que apreciamos a simple vista sobre la piel. Su tamaño no excede el milímetro de diámetro, y pueden ser removidas mediante láser transdérmico. Esta modalidad se basa en un haz de luz monocromática que contrae las paredes de las venas afectadas, permitiendo que el organismo las reabsorba posteriormente.

Al igual que el resto de las técnicas con láser, se trata de un procedimiento ambulatorio, con resultados inmediatos y de poca complicación.

Después del tratamiento

Al finalizar el procedimiento, el paciente podrá ser retenido en la clínica por espacio de seis horas, en aras de observar el comportamiento de la operación y posibles efectos secundarios. Durante las primeras horas, es normal experimentar una ligera hinchazón de la zona tratada que tenderá a desaparecer paulatinamente.

Las semanas siguientes, aparecerán costras cutáneas y enrojecimiento, y en algunas ocasiones manchas o ligeras pigmentaciones sobre la piel. Para solucionar esto, el especialista médico podrá indicar el uso de cremas antinflamatorias (el aloe vera es genial), así como medias de compresión que alivien la sobrecarga muscular y aceleren el proceso de recuperación.

Debemos evitar además la exposición prolongada al sol o la práctica de ejercicios durante los primeros días. Algunos casos registran una reaparición de las venas afectadas, por lo que deberá volver a repetirse el tratamiento con mayor intensidad al cabo de unos meses. De ahí la importancia que recae a la hora de elegir una clínica especializada, que cuente con personal médico de calidad.

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