Varices durante el embarazo

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Ejemplo de varices durante el embarazo

Junto al insomnio, las náuseas y el cansancio, las varices son una de las tantas molestias que pueden sufrir las mujeres durante la etapa de embarazo. Estas se producen por una alteración de las venas bajo una presión excesiva del riego sanguíneo, especialmente en zonas como la vulva y las piernas.

¿Qué causa las varices?

Además del sedentarismo, el sobrepeso y una dieta desbalanceada, existen otros factores que aceleran la aparición de las varices durante el embarazo. El resultado, deviene en una alteración del aparato circulatorio, principalmente en las venas, encargadas de retornar la sangre desoxigenada al corazón.

Adicionalmente, podríamos mencionar otras causas como el aumento de la segregación hormonal que toma lugar en el cuerpo. En este caso, la progesterona es conocida como la hormona del embarazo, ya que su función es la de habilitar el útero para tal función, pero también actúa sobre las venas, suavizándolas y permitiendo que se dilaten hasta formar las várices.

El factor hereditario también puede explicar la ocurrencia de esta patología, al igual que el peso del feto sobre la zona pélvica, lo que presiona las venas y dificulta el flujo sanguíneo, creando un estancamiento de la sangre y por consiguiente la inflamación de las venas.

Síntomas

Las varices suelen aparecer entre el primero y el segundo trimestre del embarazo. Generalmente, este hecho se encuentra ligado al peso del bebé y al aumento de tamaño del útero. En un primer momento, se trata de una enfermedad asintomática, siendo las antiestéticas “arañitas” las que se encargan de avisarnos de su presencia.

Otros síntomas que se presentan en etapas avanzadas suelen ser calambres, pesadez en las piernas y sensaciones aisladas de dolor. Regularmente, las varices se muestran de un color azulado y en forma de ramilletes o telarañas, y posteriormente adquieren cierto relieve sobre la piel. Si aparecen en el recto, se les denomina “hemorroides”, y usualmente provocan dolores al defecar y en algunos casos más extremos, agrietamientos y sangrado.

Cuando las varices no son tratadas debidamente, ocurren otras complicaciones como trombosis venosas y flebitis, caso este en el que la piel se endurece y adopta un aspecto enrojecido. Ante embarazos consecutivos los síntomas se acentúan, siendo necesario acudir al médico para un tratamiento especializado.

Consejos para prevenirlas

Durante la etapa de gestación, no se recomienda llevar a cabo ningún tipo de tratamiento, pues generalmente las varices tienden a desaparecer transcurridos tres o cuatro meses posteriores al embarazo. Sin embargo, para minimizar su impacto sobre nuestro organismo puedes emplear medias de soporte o fajas que alivian el peso del feto sobre la pelvis, además de evitar el uso de ropa ajustada y tacones demasiado altos.

También puedes asegurarte de llevar una dieta balanceada, moderar el uso de sal en las comidas y suplementarte con vitamina B6, conocida como piridoxina. A su vez, nunca permanezcas demasiado tiempo de pie ni sentada, y a la hora de descansar eleva las piernas para facilitar la circulación sanguínea. Igualmente, cuando te retires a dormir, puedes acostarte sobre el lado izquierdo y llevar las piernas hasta la altura del pecho.

Si además de todo lo anterior aplicas compresas frías sobre la zona afectada podrás obtener mejores resultados. Del mismo modo, puedes recurrir a los remedios homeopáticos (hamamelis, pulsatila o árnica) para masajear tus piernas suavemente, aunque puedes lograr resultados similares si aplicas aceites esenciales o lociones de lavanda o ciprés (aromaterapia).

Durante el verano, deberás además proteger tus extremidades del calor excesivo, así como realizar duchas de contraste y beber abundante agua. Finalmente, algunos especialistas recomiendan la práctica de ejercicios moderados, así como el empleo del aloe vera por sus propiedades antinflamatorias.

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