Varices vulvares durante el embarazo

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Foto de varices vulvares durante el embarazo

Durante el período de gestación, las mujeres experimentan una serie de cambios, físicos y mentales, propios de un estado fisiológico tan importante como el embarazo. A su vez, la gestante se enfrenta durante esta etapa a posibles patologías, y una de ellas es precisamente la aparición de varices vulvares, que aunque aparentemente inofensivas, pueden presentar severas complicaciones si no se tratan debidamente.

¿Qué son las varices vulvares?

Para entender esta enfermedad debemos conocer el papel tan importante que juegan las venas en nuestro organismo. Al igual que las arterias conducen la sangre rica en oxígeno hacia el resto del cuerpo, las venas son las encargadas posteriormente de retornar el flujo sanguíneo hacia el corazón. En este proceso interviene un sistema de válvulas que contrarresta el efecto de la gravedad, facilitando un desplazamiento unidireccional de la sangre.

Ante un mal funcionamiento o debilitamiento de estas válvulas, el retorno venoso se afecta y se produce un estancamiento de la sangre, dando lugar a una dilatación de las venas, y en el peor de los casos, trombosis y hemorragias internas. Lo anterior, se conoce como varices, y pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo.

En el caso de las mujeres embarazadas y como su nombre lo indica, las várices vulvares toman lugar en la zona pélvica de la gestante, afectando las venas vulvares encargadas del riego sanguíneo entre los diferentes órganos genitales presentes en la zona pélvica. Generalmente, pueden ser identificadas bajo un color azulado con cierto relieve sobre la piel y afecta en promedio a una de cada tres embarazadas.

¿Qué provoca las varices vulvares?

Principalmente, podríamos referirnos al sobrepeso, asociado también al sedentarismo, como uno de los factores que dan lugar a la aparición de varices vulvares. Al aumentar de peso, la sangre debe recorrer mayores distancias a lo largo de nuestro cuerpo, lo que provoca un incremento del riego sanguíneo, y este a su vez trae consigo la debilitación de las venas.

También aportan resultados negativos la presión que ejerce el feto a medida que crece y el propio útero sobre la vena cava de la zona pélvica. Este hecho retrasa el bombeo de la sangre, cargada en desechos y dióxido de carbono hacia el corazón, lo que provoca un estancamiento de toxinas en la zona afectada, más aún si se posee inclinación genética hacia este padecimiento.

De igual manera, la secreción de hormonas típicas durante el embarazo como el estrógeno y la progesterona contribuyen en gran medida a padecer de varices. Estas hormonas aumentan su presencia a medida que transcurre el proceso de gestación, actuando sobre las fibras musculares que componen las venas, e inflamando estas hasta adoptar una forma torcida y ondulada.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Durante los primeros tres meses de gestación comienzan los cambios hormonales. La progesterona relaja las venas y se retrasa el retorno sanguíneo al corazón. Esto explica los primeros síntomas de pesadez y cansancio, sobre todo si la embarazada permanece mucho tiempo de pie, algo que a su vez está asociado a la hinchazón de las extremidades inferiores y la ocurrencia de dolores ocasionales (dispareunia) y prurito.

En la mayoría de los casos, el cuadro clínico no suele traer complicaciones mayores. No obstante, si la situación empeora, podrían experimentarse otros signos externos como enrojecimiento de la zona pélvica, calor y endurecimiento. Generalmente, estos síntomas se manifiestan en las etapas finales del embarazo y posterior a este. Algunos casos registran la incidencia de trombosis en las varices (tromboflebitis o trombosis superficial venosa), sensación de hormigueo, ardor y venas acentuadas sobre la piel.

¿Cuáles son los tratamientos más efectivos para combatirlas?

Por lo general, una vez concluida la etapa del embarazo, nuestra condición física retorna a sus variables iniciales, por lo que las varices tienden a desaparecer por si solas en la mayoría de los casos. Además de esto, debemos tener en cuenta que no es recomendable iniciar ningún tipo de tratamiento durante los primeros meses de embarazo, si bien lo más indicado es aguardar unos cuatro o cinco meses después de haber dado a luz.

Recuerda también, que este tipo de patologías no representa riesgo alguno para tu salud o la del bebé, aunque si quieres evitarlas, lo mejor es que controles bien tu peso, evites permanecer mucho de tiempo de pie o sentada, y en cambio, realices actividades físicas moderadas (caminar, subir escaleras, etc.). El uso de medias especiales permite favorecer el flujo sanguíneo, así como la presencia de fajas para compensar el peso del vientre sobre la pelvis.

Por otra parte, evita tacones altos y ropas ajustadas. Cuando te retires a descansar, procura dormir sobre el lado izquierdo, y de ser posible, eleva tus piernas hasta la altura del pecho. Si el dolor persiste, puedes optar por duchas de contraste (agua caliente y fría) o aplicar masajes con cremas hidratantes o remedios homeopáticos muy efectivos. En caso extremo, y no sin antes consultar con el doctor, la diosmina o los fármacos flebotónicos pueden ayudarte a aliviar las varices vulvares.

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